EGA se lamenta de cinco años en caída libre

El sector advierte que el parón eólico ha frenado el desarrollo energético, industrial y económico de Galicia

José Hermida, ganadero de Ourol

“Os animais conviven cos eólicos sen ningún problema”

Ángel Concheiro, arqueólogo

“Os parques descubriron un patrimonio cultural esquecido”

El viento es abundante en Galicia, un recurso natural que produce energía limpia, autóctona, renovable, segura y económica. La Asociación Eólica de Galicia (EGA) celebra el Día Mundial del Medio Ambiente viéndose obligada a hacer un elocuente balance a corto y medio plazo sobre el desarrollo de la tecnología eólica en la comunidad autónoma, cuyo origen arrancó en los años noventa.

Galicia llegó a ser pionera en España en la implantación de esta energía, cuarta de Europa y sexta del mundo. Pero desde hace quince años fuimos yendo a menos, hasta la coyuntura actual en la que tendemos a cero, tras la judicialización de cerca de 80 proyectos que habían obtenido la declaración de impacto ambiental, una compleja tramitación administrativa que dura entre cuatro y diez años. Estos parques sumarían más de 2.000 megawatios (MW) de potencia. Aunque el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) se pronuncie a favor de Galicia y el sector el primero de agosto, pasarán meses hasta que se desbloquee efectivamente la construcción de los nuevos recintos eólicos; y algunos ya ni se harán posiblemente.

La cruda realidad indica que Galicia solo instaló en los últimos cinco años 171 MW, mientras que España superó los 6.000 en el mismo período. Si echamos la vista más atrás, observamos que la potencia eólica gallega en 2010 suponía el 16,3 % de España, mientras que en 2024 cae cuatro puntos hasta el 12,4 %. Pasamos de ser los primeros a los cuartos, aunque pronto seremos quintos. Y Castilla y León, la primera hoy, duplica la potencia instalada en Galicia. Mientras en Aragón se anunciaron en los últimos tiempos 30.000 millones de inversión en nuevos proyectos industriales, aquí andamos con migajas. Hemos perdido el tren de la transición energética y la descarbonización de la economía.

Porque estas cifras objetivas esconden unas consecuencias tan nefastas como insoportables. Hace un par de años había, al menos, 32 proyectos industriales relevantes que demandarían 8 terawatios/hora (TW/h) adicionales de electricidad al año. Estos planes, estratégicos para Galicia más de la mitad, superarían los 6.300 millones de euros de inversión y la creación en los próximos años de unos 14.000 empleos (directos e indirectos), según el estudio independiente encargado a Deloitte Consulting. ¿Y qué tenemos en la actualidad? Nada o casi nada.

Otro dato demoledor, significativo de nuestra caída libre, es la evolución del consumo eléctrico (no energético). Desde 2018 a hoy esa demanda de electricidad ha descendido un 32 % en Galicia, mientras que, en España, solo un 2 y pico por ciento. Es cierto que ha influido la parada de industrias electrointensivas, como Alcoa, pero la merma es tan grande que indica un frenazo extraordinario del desarrollo de nuestra economía. Esto es equivalente a tirar a la basura un porcentaje relevante de nuestro PIB.

La energía es la base del funcionamiento del mundo actual, es imprescindible. Y ahora los nuevos desarrollos solo serán renovables, exclusivamente. Galicia, cuyo territorio está protegido al 78 %, reúne unas condiciones inmejorables para aprovechar la calidad de sus vientos. Tenemos el conocimiento y la experiencia, pero los proyectos industriales solo se ejecutarán, fuera del 78 % del territorio protegido, si la implantación eólica vuelve a despegar.

En la actualidad, la energía eólica supone el 1 % del PIB gallego; 60 millones de euros en tributos abonados a la Xunta y ayuntamientos con parques; y 57 a las arcas del Estado; convenios particulares con asociaciones vecinales y de carácter social asentadas en el territorio, difícil de cuantificar globalmente; los propietarios de los terrenos reciben 11 millones de euros en rentas; y 5.400 familias viven del sector eólico. Son magnitudes elocuentes, que podrían duplicarse de no haber encallado en una absurda maraña judicial.

A pesar de todo, celebramos el Día del Viento en Galicia con testimonios reveladores de ganaderos y arqueólogos, que ponen al descubierto mentiras, falacias, engaños, calumnias y dolos sobre la energía eólica; cuya implantación convive con usos agropecuarios y forestales, además de con el patrimonio natural y cultural de los 118 ayuntamientos donde tenemos presencia.

Xosé Hermida, ganadero de Ourol

“Os animais nacen, viven aquí e conviven cos eólicos sen ningún problema”

EGA

“Levamos máis de vinte anos aquí, no Parque de Pena Luísa, convivindo sen problemas cos parques eólicos. Desde que viñeron todo mellorou. Temos bos accesos que manteñen ben. O monte non se aproveitaba e agora temos pasto. Nós producimos, eles producen. Esto funciona. Os animais non teñen estrés, nacen aquí e conviven cos eólicos sen problema ningún. E o canon que pagan as empresas eólicas é unha porcentxe boa do orzamento municipal”.

Ángel Concheiro, arqueólogo

“A convivencia dos parques eólicos coa protección, investigación e posta en valor do patrimonio cultural é moi positiva e supuxo un avance grande para o descubrimento dun patrimonio moi esquecido”

“A convivencia dos parques eólicos coa protección, investigación e posta en valor do patrimonio cultural, arqueolóxico, arquitectónico e etnográfico é moi positiva e moi cordial entre profesionais e supuxo un avance grande para o descubrimento dun patrimonio moi esquecido. A construción de parques eólicos permitiunos aumentar o coñecemento de etapas prehistóricas, como gravados rupestres, megalitismo, asentamenos da Idade de Ferro; sen menoscabo da súa conservación. Os protocolos para minimizar os danos foron extraordinariamente meticulosos e houbo unha coordinación grande entre os profesionais privados, os das Administracións Públicas e os técnicos das empresas promotoras. Estou convencido de que ningún elemento arqueolóxico nin arquitectónico sufriu ningún dano, máis ben ao contrario, algúns pasaron do esquecemento ao coñecemento”.