El sector eólico gallego defiende la energía limpia, el desarrollo socioeconómico y la sostenibilidad ambiental como factores clave de la transición energética

Energía limpia, desarrollo socioeconómico y sostenibilidad ambiental son los tres vectores que giran en torno al eje del cambio climático. 2025 fue el tercer año más cálido en el mundo y en Europa. El verano fue el más cálido de la serie histórica tanto en Galicia como en España. En esta coyuntura de emergencia, de la que no somos conscientes como sociedad, los científicos apuntan a que si sube la temperatura media de la Tierra, también suben los extremos. Y la gran preocupación reside en que se ha disparado el ritmo del calentamiento global en los últimos años, provocando sucesos cada vez más extremos como incendios o inundaciones. Los fuegos forestales del pasado agosto los tenemos recientes, especialmente las llamas incontroladas de Larouco (Ourense), que se convirtieron en el incendio más devastador de nuestra comunidad autónoma. Sin embargo, la solución está en nuestras manos.

Galicia es rica en agua y viento, dos fuentes renovables imprescindibles junto con el sol para la transición energética. Así que en el Día de la Energía Limpia queremos llamar la atención sobre la acuciante necesidad de acelerar dicha transición o camino hacia las fuentes de energía verdes y sostenibles. La generación eólica en Galicia evita cada año la contaminación atmosférica de cinco millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2). Por otra parte, el apagón eléctrico que sufrió España el 28 de abril nos enfrentó a la urgencia de fortalecer, modernizar y digitalizar nuestras redes de transporte, donde las renovables juegan un papel esencial, ya que descentralizan la generación, reducen los puntos críticos, acercan la producción al consumo y aseguran la soberanía y estabilidad energéticas al caer la dependencia de los combustibles fósiles; en definitiva, favorecen unas redes más potentes y seguras.

Pero la triste y contradictoria realidad es que Galicia vive en la esquizofrenia energética. En contra de sentencias favorables dictadas por el Tribunal Supremo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, la Sala 3ª del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) mantiene suspendidos cerca de 3.500 megawatios (MW) de potencia, que se corresponden con un centenar de nuevos parques que han superado todas las tramitaciones ambientales, urbanísticas y de patrimonio, entre otras. Es decir, están en espera, o el limbo de los justos, el equivalente al 88 % del total de la potencia eólica instalada en Galicia en los últimos treinta años, cifra que suma 3.920 MW. No se entiende que Galicia, pionera en su día, se haya convertido en la cenicienta eólica de España, ya que en otras comunidades se tramita exactamente igual que aquí, pero Galicia es diferente.

No se entiende que, en la actual deriva geopolítica un año después de la llegada a la Casa Blanca de Donald Trumpo y con una debilitada Unión Europea, donde las diversas fuentes de energía y las tierras raras son el actual Vellocino de Oro, Galicia desperdicie un recurso natural energético como el viento, constante e intenso en las cumbres montañosas y el extenso litoral, ideal para producir electricidad limpia. Además de la factura de la luz, siempre más baja con renovables, hablamos de la factura que estamos pagando en términos de seguridad y salud públicas. Aunque no lo veamos en un recibo al uso.