14 de febrero de 2026 – Día de la Energía

La energía es imprescindible para el desarrollo económico, el bienestar social y la seguridad humana. La sociedad debe reflexionar y tomar conciencia de que hoy solo podemos hablar de energías renovables: eólica, hidráulica y fotovoltaica, porque es el único futuro viable para la especie humana y el planeta. Sin embargo, seguimos produciendo y consumiendo gas, cuya generación eléctrica es la responsable en Galicia del aumento del 10 % de las emisiones de gases de efecto invernadero el año pasado, según avanza el Observatorio Galego de Acción Climática. Entre tanto, en España, los picos de gas han crecido un 23 % en la última década, especialmente desde el apagón del pasado abril.

En el territorio gallego, esta vuelta atrás está directamente relacionada con el estancamiento del desarrollo eólico en nuestra comunidad, una obstrucción al recurso limpio del viento originada por las sentencias de la Sala 3 ª del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, que mantiene frenados tantos megawatios de nueva potencia como los instalados en los últimos treinta años, o sea 4.000; haciendo caso omiso de los pronunciamientos favorables del Tribunal Supremo de España y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Transición energética, coyuntura geopolítica, electrificación de la economía, neutralización climática y soberanía energética son vectores determinantes en el mundo actual. Dimos el salto con el cierre de las centrales térmicas de As Pontes y Meirama alimentadas por el carbón. Pero llevamos el actual decenio anclados en el pasado, porque el eslabón inmediato era la implantación de nuevos parques eólicos. Tras superar las complejas exigencias ambientales y normativas a las que obliga la ley, más de un centenar de proyectos están varados judicialmente. En este punto muerto ni el sector ni las autoridades saben a qué atenerse, toda vez que instancias superiores han validado las tramitaciones administrativas.

La trascendencia de la energía eólica es total en Galicia y en el mundo. Sin embargo la coyuntura absurda que sufrimos en la comunidad nos hace ir hacia atrás, tal como señalan los indicadores industriales y económicos de forma pertinaz. El consumo eléctrico apenas creció tres puntos porcentuales en los dos últimos años, pero habíamos llegado a caer más de treinta, en buena medida por el cierre o crisis de las empresas electrointensivas. Por otra parte, Red Eléctrica Española acaba de señalar que Galicia solo aumentó el 1 % su capacidad para producir electricidad, un ridículo porcentaje que nos sitúa en el furgón de cola.

La industria que viene está ligada al hidrógeno verde y al biometano, pero el desarrollo asombroso de la inteligencia artificial está vinculado a la electrificación de la economía. Porque hablamos de una herramienta informática que precisa miles y miles de procesadores que se agrupan en los llamados centros de datos. Estas instalaciones necesitan cantidades ingentes de electricidad renovable y cercana, cuyo suministro debe estar asegurado para operar de forma continua.

El ejemplo es el milagro de Aragón, que ya tiene operativos tres hiperescalares (centros de más de 50 megawatios), y pronto tendrá más, gracias a una política de desarrollo y agilización de la tecnología eólica, todo lo contrario que aquí. Esa una comunidad que va camino de convertirse en una de las regiones pioneras de Europa en inteligencia artificial. Lo dramático es que Galicia tramita igual que Aragón. Estamos perdiendo oportunidades únicas que difícilmente se repetirán, como ya ocurrió con la fábrica de baterías del sector del automóvil que se iba a instalar en Vigo y acabó pasando de largo, y ya se construye en Zaragoza.

El sector eólico defiende que solo la trasposición ágil y correcta, sin resquicios interpretativos de la norma legal, del “interés público superior” de las energías renovables, tal como dice la directiva de la UE de 2023, podrá desbloquear los nuevos recintos eólicos en Galicia. Aunque, cada vez más, los mencionados proyectos se quedan obsoletos, porque la tecnología avanza a velocidad de vértigo, y habrá que rediseñarlos y volver a tramitarlos. Largo me lo fiáis.

La Asociación Eólica de Galicia reivindica una apuesta inversora por la modernización y ampliación de las redes eléctricas, de forma que puedan soportar la integración de las energías renovables garantizando la calidad del suministro y la estabilidad del sistema. Por otra parte, demanda el desbloqueo del atasco regulatorio, así como la aceleración de los nudos de conexión a la red y de las subastas de la eólica marina. Finalmente, sectores como el transporte y la climatización deben sumarse a la electrificación y aprovechar al máximo la generación verde. Galicia solo puede reindustrializarse con energías renovables. Y la eólica es decisiva. Porque además de limpia, el viento es una energía que abarata el recibo de la luz.

Precisamente en la cumbre de líderes de la UE, celebrada esta semana en Bélgica, se advirtió de que uno de nuestros lastres principales es el coste de la energía, muy superior a Estados Unidos y China. El primer ministro belga señaló que no somos competitivos y que la industria que depende de los precios de la energía está en “peligro de muerte”. Y no olvidemos que la producción de electricidad verde refuerza nuestra independencia energética. Lo contrario es la oscuridad.