A la espera de 4.000 megavatios eólicos

Galicia inició el verano con una ola de calor que nos trajo noches tropicales. Cierto es que las temperaturas de la costa son sensiblemente inferiores a las del interior, pero el fenómeno es cada vez más frecuente, prolongado y general. La producción eólica ha contribuido decisivamente en estos meses de guerra al mantenimiento de precios bajos de la energía con respecto a otros países europeos, donde se han disparado por distintas razones.

Galicia tiene todavía mucho potencial eólico pendiente de desarrollo, tanto terrestre como marino. Una capacidad renovable que necesita hacer realidad cuanto antes, porque el mundo ha cambiado y en poco tiempo será muy diferente. El bloqueo intermitente del Estrecho de Ormuz (Oriente Medio) ha condicionado la economía mundial, y una vez que cesen las restricciones sobre ese paso marítimo estratégico, la normalidad tardará tiempo en llegar. Entre tanto, ya sufrimos más inflación y subida de los costes financieros. Porque la energía es la base de cualquier economía actual.

Galicia tiene viento en la tierra y en el mar, con unas infraestructuras e inversiones previstas que anuncian un desarrollo tecnológico que otorgaría a nuestra comunidad una posición de seguridad vital, soberanía energética y progreso industrial; liderando la generación y distribución de electricidad limpia. Bajaríamos drásticamente las emisiones tóxicas y gozaríamos de un aire más limpio. La potencia actual instalada evita cinco millones de toneladas anuales de CO2. Y tenemos en espera otros 3.000 o 4.000 megavatios que, tras las sentencias del Tribunal Supremo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, deberían poder instalarse y seguir avanzando en la generación limpia, el abaratamiento de la factura y no alejarse más de los objetivos climáticos.

Hay otro vector energético, el de los gases renovables, que Galicia debería aprovechar como ya se está haciendo en España y en otros países. Estas plantas (hidrógeno, amoníaco) necesitan electricidad renovable, de ahí que sea una palanca impulsada por la UE en el proceso de descarbonización. A pesar del frenazo judicial que llevó al sector eólico a ver anestesiado su desarrollo durante cinco años, aún tenemos grandes oportunidades para ponernos al frente de las energías limpias, desarrollos industriales innovadores y estratégicos y mayor seguridad como país. En Galicia, la implantación eólica –tierra y mar– es la respuesta. Pero el momento es ahora, porque mañana el mundo será otro.