Viento malo, viento bueno

España arde por los cuatro costados y ya padecimos la cuarta ola de calor antes de iniciar agosto. Francia entona la misma canción. Y lo cierto es que Europa no está preparada para afrontar este cambio climático innegable, con más polvo del desierto y peor calidad del aire. A pesar de que la extinción de los fuegos en el monte consume cientos de millones de euros, el problema ambiental es doble. Por un lado, todo lo que las llamas arrasan, todo; y por otro, las emisiones de gases de efecto invernadero. Vidas humanas (catorce en Los Gallardos), casas, animales, fincas, árboles y todo lo demás… La devastación es apocalíptica para quien la padece. El calor insoportable, con sucesivas noches tropicales en muchos lugares del país, provoca una fuerte demanda de energía para enfriar ambientes, industrias y equipamientos de todo tipo. El calor extremo genera sequía y estabilidad atmosférica, con lo que tenemos menos agua y menos viento; es decir, menos energías renovables, con el consiguiente aumento de la producción y compra de gas —el combustible más caro—, que además es de origen fósil. Si a esto añadimos que en los últimos tres meses, el precio regulado de la luz se ha encarecido un 35 %, estamos ante la tormenta perfecta.

Porque tras las vacaciones llegarán las vacas flacas. La energía es el vector principal de la economía y la coyuntura actual anticipa una inflación desbocada. Es decir, veremos subir los precios de la cesta de la compra y el encarecimiento general de muchos bienes y servicios; y, como consecuencia de ello, una subida de los tipos de interés de los préstamos a particulares y a nuestras pymes. Y en esta tendencia insufrible de emergencia climática, dependencia energética y precios disparados, Galicia sigue atascada en su desarrollo eólico. Cuando las cosas tercian así, los ricos se enriquecen mucho más mientras se empobrece la población y la pequeña empresa.

Cierto es que, afortunadamente, tenemos empresas punteras e internacionalizadas en Galicia. La llegada de la planta china al golfo ártabro, y su desarrollo en los próximos años, es una buena noticia indudablemente. Pero las fábricas y compañías precisan nueva energía renovable, próxima y barata; algo que solo pueden suministrar buena parte de los parques eólicos que están en lista de espera judicial, tras haber pasado una exhaustiva y garantista tramitación administrativa de carácter ambiental, urbanístico, patrimonial… y hasta más de dos docenas de especies y ámbitos protegidos, como Red Natura, espacios de biodiversidad, avifauna, patrimonio natural o los Caminos de Santiago. Los gallegos poseemos una riqueza potencial de extraordinario valor verde, climático y sostenible: el viento bueno que sabemos convertir en electricidad limpia; no el que propaga los incendios incontrolables. No aprovechar nuestro recurso es dispararnos en nuestra propia rodilla. Todos debemos tomar conciencia de que están en juego nuestra salud y seguridad. Y todo lo demás.

Manel Pazo – Presidente EGA