La Asociación Eólica de Galicia defiende la convivencia de la salud ambiental y natural con la producción de la energía del viento, una fuente limpia y renovable

La salud ambiental concilia la salud de las personas, los animales y los ecosistemas, según la Organización Mundial de la Salud. La energía eólica es una fuente de salud y seguridad ambiental, ya que en su generación no se usa carbón, gas, petróleo ni ningún combustible fósil. La salud ambiental no exige ausencia absoluta de impacto, algo prácticamente imposible en cualquier infraestructura energética. Exige identificar los impactos, compararlos con las alternativas, evitar los emplazamientos de mayor sensibilidad, minimizar las afecciones y evaluar el resultado ambiental global. Una eólica correctamente planificada puede formar parte de una política de salud ambiental precisamente porque contribuye a reducir algunos de los grandes riesgos ambientales contemporáneos: contaminación atmosférica, cambio climático, menos emisiones y una menor dependencia de la combustión de recursos fósiles frente a una valoración exhaustiva y minimización con actuaciones preventivas sobre el paisaje, la biodiversidad, las nuevas infraestructuras y el ruido.

Salud ambiental es conservar nuestros ecosistemas y nuestra biodiversidad. Pero también es respirar un aire más limpio. Salud ambiental es proteger nuestros montes y nuestros ríos. Pero también es reducir las emisiones responsables del cambio climático. Salud ambiental significa también proteger a los ciudadanos frente a una vulnerabilidad energética que periódicamente se traduce en incrementos del coste de la electricidad, del transporte, de la calefacción y de buena parte de los bienes y servicios que consumimos. La luz ha subido una media del 35%, el gasóleo el 40 %, la gasolina el 35 %, el gas un 50 %, y las previsiones de inflación siguen subiendo y superan el 5% en España y es mayor en Galicia.

Salud ambiental es exigir que los proyectos renovables respeten el territorio. Tenemos que proteger el territorio y la biodiversidad, por eso debemos exigir rigor ambiental a cada proyecto. Pero también debemos preguntarnos de dónde procederá la energía que consumiremos si impedimos sistemáticamente el desarrollo de alternativas a los combustibles fósiles. Quizá el mayor error ambiental de nuestra generación sea no desarrollar las energías renovables. Resulta insoportable que, conociendo y sufriendo las consecuencias de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, no avancemos con la riqueza de las alternativas renovables que poseemos en Galicia. El final de esta historia es que, con los años, veamos la irresponsabilidad de no haber aprovechado nuestro viento, nuestra tecnología y nuestra industria, mientras otros avanzaban y nosotros, parados. Además, estamos obligados a proteger nuestra salud, nuestra industria, nuestra seguridad energética y el derecho de los ciudadanos a disponer de una energía limpia, sostenible y económicamente accesible.

Mientras compramos fuera buena parte de los combustibles que necesitamos y sufrimos las consecuencias de unos mercados energéticos internacionales que no controlamos, Galicia mantiene paralizados numerosos proyectos eólicos que han pasado durante años por procedimientos administrativos y ambientales, con intervención de funcionarios y organismos públicos especializados. No estamos hablando de una cuestión menor. Estamos hablando de proyectos que, considerados conjuntamente, representan una cantidad de generación eléctrica equivalente a una parte extraordinariamente relevante del consumo eléctrico gallego, además de miles de millones de euros potenciales de inversión y miles de empleos directos e indirectos asociados a su construcción, explotación y cadena industrial.

Nadie sabe qué pasará en Ormuz y nosotros nada podemos hacer. Ahora bien, los gallegos tenemos un recurso energético limpio de incalculable valor que nos estamos dando el lujo de aniquilar gracias a los pocos negacionistas que hacen un montón de ruido, creando desinformación y confusión. En el Día de la Salud Ambiental, el sector eólico gallego proclama su carácter ambientalista y la protección de la especie humana y de la naturaleza a la hora de generar energía cien por cien limpia con el viento.