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Energía eólica, el necesario acuerdo social

El año 2020 nos deja, además de la cruel y dolorosa pandemia, un dato que debemos tener en cuenta en el sector de las energías renovables. Galicia, que había sido pionera y líder en España en la implantación eólica durante muchos años, acaba de perder el podio en el que permanecía actualmente por potencia instalada. Nuestros 3.829 megawatios han sido superados por los 4.159 de Aragón, que pasa a ocupar el tercer puesto tras Castilla y León y Castilla-La Mancha, relegándonos a la cuarta posición. Si bien es cierto que apenas hay diferencia en el rankin, lo preocupante es que corremos el riesgo de que se convierta en tendencia y sigamos cediendo puestos. Aragón, Andalucía y otras comunidades autónomas llevan tiempo haciendo los deberes, mientras que nosotros no acabamos de arrancar como debiéramos en un momento decisivo.

Los proyectos de construcción de parques eólicos son extraordinariamente complejos. Además de la densa tramitación administrativa, deben superar como es lógico una exigente normativa ambiental. La nueva ley de simplificación administrativa que acaba de aprobar el Parlamento de Galicia no es la solución completa, si no se aumentan los recursos administrativos que deben dar salida a los expedientes acumulados. Las autonomías que ahora nosadelantan, o nos adelantarán,han facilitado las cosas a los promotores y se ha acelerado la burocracia. Desde la Asociación Eólica de Galicia venimos demandando y fijándonos el objetivo de instalar 500 MW anuales en los próximos cinco años para mantener la velocidad de crucero que nos corresponde.De ahí que reivindiquemos un pacto social a favor de la energía eólica, una fuente limpia, verde y sostenible, algo que parece que olvidamos a veces en plena transición energética, cuando el mundo ya ha dicho que no hay marcha atrás, porque la electrificación de la economía se ha convertido en la principal herramienta contra el cambio climático. Y cada vez hay más capital dispuesto a invertir en energías renovables, lo que se traducirá en creación de empleo de calidad: otra cualidad relevante que parece no tenerse en cuenta.

La nueva primavera eólica anunciada para el presente decenio exige el empuje sensato de todos los actores implicados, todos. Cumpliendo las normas, respetando las leyes y llegando a acuerdos con los propietarios y ayuntamientos rurales donde estamos. Rural, otra dimensión que parecemos minorar, cuando el medio precisa de proyectos industriales que, de forma sostenible, contribuyan a dinamizar la economía de cada zona. De ahí que la disyuntiva sea si Galicia apuesta por la energía eólica o le ponemos trabas. La hidráulica ha tocado techo y la fotovoltaica no debería tener mucho desarrollo aquí por razones obvias, que son las otras dos energías renovables en liza.Así que pongamos en la balanza todo lo que hay en juego, el reloj en hora y miremos al futuro.

Manuel Pazo

Presidente da Asociación Eólica de Galicia

 

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